El dinero desde una perspectiva bíblica.

Jesucristo habló mucho sobre el dinero y las posesiones materiales (más que de cualquier otro tema, excepto el reino de Dios). De las treinta y ocho parábolas, dieciséis abordan el tema del dinero y de las posesiones materiales. En los evangelios, uno de cada diez versículos aborda este aspecto de forma directa. La Biblia contiene 500 versículos sobre la oración, menos de 500 sobre la fe, pero más de 2200 versículos nos hablan sobre el dinero y las posesiones materiales. ¿Por qué hay tanto énfasis en la Biblia sobre este asunto, sobre el dinero y las posesiones materiales?

La actitud que tenemos hacia la riqueza, el dinero y las posesiones materiales dice más que cualquier otra cosa de si Dios está o no en el primer lugar en nuestras vidas, si confiamos en Él o no.

“El dinero es un instrumento, no un objetivo. Hay dos áreas que conforman nuestra tierra: las relaciones humanas y la relación con el dinero y las posesiones materiales.” El dinero y las posesiones materiales son parte de nuestra existencia. Son carencias que crean problemas y una gran preocupación. Hay tres aspectos que debemos tener en cuenta cuando se trata de dinero. El primero es práctico, es importante conocer los aspectos básicos de cómo ganamos, gastamos, ahorramos o invertimos. Para todos estos aspectos, la Biblia tiene consejos o principios generales que nos ayudan a tener una conciencia tranquila, buenas relaciones con los demás y, especialmente, con Dios.

El componente emocional es el segundo aspecto a tener en cuenta. Es importante conocer la gestión, pero más importante es cómo nos relacionamos con estos asuntos. Jesucristo habló, a menudo, de este tema, y, especialmente, en el contexto de la formación del carácter. El dinero puede ser amado, y el Salvador dice que el corazón siempre sigue el tesoro o lo que más apreciamos. (Mateo 6:21)

El apóstol Pablo es explícito cuando habla de cómo nos relacionamos con el dinero y define la “raíz de todo mal” que no es otra cosa que “el amor al dinero”. El corazón es “sumamente engañoso”, dice Jeremías (Jer 19: 9), por eso necesitamos la intervención divina para conocer nuestro verdadero estado. (Salmo 135: 23-24)

El tercer aspecto es el componente espiritual. Si moralmente el dinero es neutral, no es así con las cosas espirituales. La forma en que pensamos en el dinero y las posesiones materiales, y cómo nos relacionamos con ellos, nos acercan más a Dios o nos alejan de Él. Por eso Jesucristo dijo que “mamón” es el mayor competidor de Dios (Mateo 6: 24) y puede convertirse en objeto de adoración. Cuando Dios te pide que ofrezcas diezmos y dones, para ayudar a los necesitados, no lo hace porque los necesite, sino porque debemos curarnos del egoísmo, el egocentrismo y colocar al Señor en el centro de nuestras vidas.

Somos la generación que ha experimentado la mayor abundancia en la historia de la humanidad. Estamos expuestos a una cultura consumista y materialista. Nadie puede decir que es inmune a los mensajes que nos rodean.  El mensaje de Dios de ponerlo a Él como el primero en todos los aspectos de nuestras vidas, incluyendo el financiero, no se escucha demasiado. Los pensamientos expresados ​​en esta breve presentación son un llamado a poner a Dios a prueba (Mc 3: 10) a través de nuestra fidelidad a Su palabra y confianza en Su guía. De esta manera nuestra vida realmente tendrá un significado.

 

Ioan Campian